A veces pienso que, al encarnar mi sueño, esta mujer me está dando una nueva lección. Por ejemplo, para explicar su deseo de dejarme la casa, dice que ahora ya la tiene dentro de sí y que por ello no puede perderla nunca jamás. Bien puedes creer que esta idea no ha dejado de causarme una fuerte impresión. ¿Cómo no habría de volverme cada vez más certeramente consciente de que las cosas profundamente me llegan sin que luche por ellas? (No te he hablado suficientemente aún del creciente elemento mágico que ha invadido mi vida, de los deseos que se ven colmados enseguida. Te asombrarías mucho) Toda la lucha, pues, es un juego de fantasmas. Una pelea con las sombras. Esto lo sé muy bien.

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