¿Adónde vamos, lentamente o de pronto?

Siempre a la vida, mil y mil veces amada, y a la que hacemos pocas preguntas y pedimos cada vez más al pedirle cada vez menos.

 Al silencio de aquella que permite soñar



Nunca sabrás que tu alma viaja

dulcemente refugiada en el fondo de mi corazón,

y que nada, ni el tiempo ni la edad ni otros amores,
impedirá que hayas existido.
Ahora la belleza del mundo toma tu rostro,
se alimenta de tu dulzura y se engalana con tu claridad.
El lago pensativo al fondo del paisaje
me vuelve a hablar de tu serenidad.
Los caminos que seguiste, hoy me señalan el mío,
aunque jamás sabrás que te llevo conmigo
como una lámpara de oro para alumbrarme el camino
Ni que tu voz aún traspasa mi alma.
Suave antorcha tus rayos, dulce hoguera tu espíritu;
Aún vives un poco porque yo te sobrevivo.

El que no aprende nunca

 


El que no aprende nunca toca el fuego,
el que no aprende nunca da una mano,
el que no aprende nunca vuelve a andar.
El que no aprende nunca se golpea
contra una pared y con la otra
y después con la otra y con la otra
y sigue caminando.

Amo los gestos imprecisos,
al que tropieza,
al que derrama un vaso,
al que no recuerda,
que es distraído, el centinela
que no puede evitar la leve
palpitación de los párpados;
les tengo cariño
porque veo en ellos el temblor,
el conocido tintineo
del mecanismo roto.
Calla el objeto intacto, no tiene voz,
sólo movimiento. Aquí, en cambio,
falló el artefacto,
el juego de las partes,
se desprende una pieza,
se delata.
Adentro algo baila.

Confesión

Decir que nada temo
sería faltar a la verdad.
La enfermedad, la humillación,
me atemorizan.
Tengo sueños, como cualquiera.
Pero aprendí a ocultarlos
para protegerme
de la plenitud: la felicidad
atrae a las Furias.
Son hermanas, salvajes,
que no tienen sentimientos,
sólo envidia.


De repente nos entra
un amor desmedido por el prójimo,
una ternura incontenible.
Nos sentimos de golpe
como el canalla moribundo
que pide perdón a manotones.
Y vamos de puerta en puerta:
queremos dar nuestro plato de sopa,
el cigarrillo que nos queda,
arrancarnos un ojo y decirle
a ese alguien, el prójimo:
-Mira con él la lluvia o el otoño,
apenas si lo he usado,
es el izquierdo.

Manual de urbanidad

Para qué tanta ceremonia, indirectas,

Puñaladitas bajo cuerda, gasto suntuario,

Cortina de humo o envoltura contaminante

De una desnuda frase: No puedo verte

O No te soporto.

Es decir, soy ciego

A nuestra humana luz compartida.

O bien, no resisto

El peso de otra dolencia errante agregada

A mi invencible pesadumbre.


***

 Me abrazó y apretados el uno contra el otro sentimos, mudos, juntos, el alivio del contacto físico. Nos invadió, eliminando todo el resto. Alivio y felicidad. Las preguntas que habíamos preparado, las explicaciones que él quería darme, las palabras que esperábamos uno de otro se desvanecieron. Hoy no hay tiempo, pensábamos. Hoy no hay tiempo sino para este bálsamo de la presencia física. Estar abrazados sin una caricia ni una palabra.

 Somos nosotros quienes no soportamos esta luz siempre actual, y entonces la prometemos para después, tan sólo para no sentirla hoy mismo y ya. 


En tiempos en los que todos anhelan el éxito y quieren vender,
yo quiero celebrar a aquellos que aceptan el fracaso social cotidiano
para buscar lo invisible, lo personal,
las cosas que no dan ni dinero ni pan
y que no hacen la historia contemporánea,
ni la historia del cine, ni ningún tipo de historia.
Estoy a favor del arte
que hacemos los unos para los otros como amigos.


La utilidad de la poesía está en recordarnos
que es difícil seguir siendo la misma persona,
porque nuestra casa está abierta, su puerta, sin llave,
y los huéspedes invisibles salen y entran.

Amarla es difícil

Es buena, cuando duerme;
el calor de su cuerpo es un puñal de vidrio
que remonta los sueños.
Cuando calla, es buena
y su voz una premonición olvidada y peligrosa
que arruina el silencio.
Cuando grita o llora
o se lamenta o se divierte o se cansa,
nada puede contener
este dolor alegre que envenena
mis sueños y mi soledad.
Por eso es difícil pensar
en ella, en su cara bondadosa;
abandonarse; por eso
es una cobardía retenerla
y dejarla ir, una pavorosa crueldad.
A veces, cuando lo pienso,
no se qué hacer con ella,
con este destino luminoso.

Fragmento de El infinito en un junco

 Si alguien lee para ti, desea tu placer; es un acto de amor y un armisticio en medio de los combates de la vida. Mientras escuchas con soñadora atención, el narrador y el libro se funden en una única presencia, en una sola voz. Y, de la misma forma que tu lector modula para ti las inflexiones, las sonrisas tenues, los silencios y las miradas, también la historia es tuya por derecho inalienable. Nunca olvidarás a quien te contó un buen cuento en la penumbra de la noche.

*.*

El sentido no es algo que “corresponde” con una palabra, ni siquiera con una frase, sino una especie de rastro o de estela que va produciéndose entre palabras (...) No existe antes de escribir, y tampoco antes de leer.
"...precisamente lo que vos llamás “radiografía espiritual” yo lo llamo: “la vida invisible”, es donde reside tu biografía lectora. Un espacio mental que van construyendo las lecturas, que crea su propio lenguaje y reflexión; es lo que te pasa por la mente cuando leés, las redes de sentido que vas armando y que, a la larga, estimulan tu capacidad de pensar, de disentir. Y este mapa espiritual o mental no es privativo del escritor; esto le pasa a cualquier lector apasionado, a cualquier lector común consecuente"

En: https://www.pagina12.com.ar/107964-como-buscar-un-tesoro

Siempre pienso en usted y son incontables las veces en que quise escribirle. Pero siempre quería que llegara un instante único, privilegiado, separado de los otros, no parecido a ningún otro, para enviarle unas líneas que le dijeran de la manera más pura cuánto lo recuerdo y qué terriblemente importante ha sido-es- haber conocido su voz, sus voces

El jardín de los senderos que se bifurcan

Si nunca me extravié en el jardín de los senderos que se bifurcan es porque fui fiel al antiguo proverbio que exige: en la encrucijada, divídete.  Sin embargo, a veces me pregunto, la felicidad, ¿no es elegir y perderse?

Si todos los miembros de mi cuerpo fuesen lenguas, no bastarían a publicar la sabiduría y virtud de Paula.

Lavartus prodeo

Me adelanto señalando mi máscara con el dedo
Hay que mirar con ojos de  niño y pedir la luna. Hay que pedir la luna y creer que nos la pueden poner en las manos.

"The End"


Ella dijo:
No tengo nada que ofrecerte. 


Ella dijo:
No temas estar solo.

Ella dijo:
No es un golpe mortal.

Él decía:
Lo que no me convence
es este tajo en
la garganta, en el corazón, en la memoria.
Cuando se percibe el fin en los comienzos, se va más aprisa que el tiempo. La iluminación, decepción fulgurante, otorga una certeza que transforma al desengañado en liberado.

Algunas palabras de Olga Orozco sobre la poesía


"...ayuda a las grandes catarsis, a mirar juntos el fondo de la noche, a vislumbrar la unidad en un mundo fragmentado por la separación y el aislamiento, a denunciar apariencias y artificios, a saber que no estamos solos en nuestros extrañamientos e intemperies, a descubrir el tú a través de yo y el nosotros a través del ellos, a entrever otras realidades subyacentes en el aquí y el ahora, a azuzarnos para que no nos durmamos sobre el costado más cómodo, a celebrar las dádivas del mundo y a extremar significaciones, ¿por qué no?, cuando la exageración abarca la verdad"

*

Bataille ha comprendido la "sabiduria" de Nietzsche cuando éste afirmaba que "si un día no logras soportar la vida, debes tratar de amarla", en tanto "el defensor de la vida" está obligado "a defender aun el sufrimiento". Y contra toda "apatía", contra todo refugio en la indiferencia que provoca la percepción de que todo se consume, incluso hasta la luz de las estrellas, debemos afirmar que "si una estrella se apaga y desaparece", su luz, "todavía está en marcha. Y díganme, entonces, ¿cuándo dejará de estar en camino?"

¿Oís el río?


¿Oís el río, Okusai? No está lejos.
Tiene el sonido ambiguo de la vida.
Son como cascotitos limpiándose
con la corriente, algo múltiple.


Prestá atención. Detrás del ruido
se ve el nacimiento rudo de las cosas,
eso íntimo, desesperado casi, casi
enorme en su notoria nimiedad.

¿Oís, Okusai? ¿Ves? No necesito
que me pongas esa cara de tintorero
feliz. Dejate ir nomás, un poco.
¿O vinimos nada más que para esto?

Para hacer un talismán

Se necesita sólo tu corazón
hecho a la viva imagen de tu demonio o de tu dios.
Un corazón apenas, como un crisol de brasas para la idolatría.
Nada más que un indefenso corazón enamorado.
Déjalo a la intemperie,
donde la hierba aúlle sus endechas de nodriza loca
y no pueda dormir,
donde el viento y la lluvia dejen caer su látigo en un golpe de azul escalofrío
sin convertirlo en mármol y sin partirlo en dos,
donde la oscuridad abra sus madrigueras a todas las jaurías
y no logre olvidar.
Arrójalo después desde lo alto de su amor al hervidero de la bruma.
Ponlo luego a secar en el sordo regazo de la piedra,
y escarba, escarba en él con una aguja fría hasta arrancar el último grano de esperanza.
Deja que lo sofoquen las fiebres y la ortiga,
que lo sacuda el trote ritual de la alimaña,
que lo envuelva la injuria hecha con los jirones de sus antiguas glorias.
Y cuando un día un año lo aprisione con la garra de un siglo,
antes que sea tarde,
antes que se convierta en momia deslumbrante,
abre de par en par y una por una todas sus heridas:
que las exhiba al sol de la piedad, lo mismo que el mendigo,
que plaña su delirio en el desierto,
hasta que sólo el eco de un nombre crezca en él con la furia del hambre:
un incesante golpe de cuchara contra el plato vacío.
Si sobrevive aún, si ha llegado hasta aquí hecho a la viva imagen de tu demonio o de tu dios;
he ahí un talismán más inflexible que la ley,
más fuerte que las armas y el mal del enemigo.
Guárdalo en la vigilia de tu pecho igual que a un centinela.
Pero vela con él.
Puede crecer en ti como la mordedura de la lepra; puede ser tu verdugo.

¡El inocente monstruo, el insaciable comensal de tu muerte!

El milagro


Porque si llega, cuando llegue,
llegará como es:
fácil, claro, sencillo,
sin grandes resplandores,
sin que la tierra tiemble,
sin que el cielo se nuble.
Será suave y fraterno
con su mano en tu hombro.

No habrá cambiado casi nada:
solo tu corazón.
No es malo tener, en alguna parte de nuestro fastuoso corazón, un amor imposible. No hay amores imposibles.
Y la historia, allá lejos, se sigue desatando./ Me engañaron sus libros: jamás ocurre nada / salvo el amor.
Sólo a él le he escuchado la singular frase con que siempre nos despedía: Traten de estar bien. Era casi un pedido, algo así como una apelación infinitamente tierna y delicada: un llamado a nuestra posibilidad de ser a pesar de todo. Era como si nos recomendase: “Hagan también lo posible, aunque persigan lo imposible”. Y a veces agregaba una exhortación conmovedora, que sintetizaba de algún modo su mejor deseo y una recóndita nostalgia: Acompáñense.
¿Y sabes?, no supe que estaba triste hasta que me pidieron que cantara.











Queroqué la rana

Nací en los suburbios de Bolonia,
en un estanque de lotos,
cabeza abajo y pataleando al cielo;
el cielo del somorgujo
era para mí una fuente de asombro.
Mi nombre es Queroqué,
título que yo misma me conferí, naturalmente.
Un día fui atrapada en una red
... y llevada sin demora a la universidad,
exactamente, al laboratorio Galvani.
Algunos estudiantes (como suele suceder),
susurrando una barcarola lo pasaron por alto….
Aquella tarde, en el año 1780,
un escalpelo fue aplicado en mi abdomen
y el mundo concibió la idea de la corriente eléctrica.
Estaba muerta,
estaba fuera de este mundo,
el cielo italiano era muy, muy hermoso.

*

Mi manera de amarte es sencilla:
te aprieto a mí
como si hubiera un poco de justicia en mi corazón
y yo te la pudiese dar con el cuerpo.

Cuando revuelvo tus cabellos
algo hermoso se forma entre mis manos.

Y casi no sé más. Yo solo aspiro
a estar contigo en paz y a estar en paz
con un deber desconocido
que a veces pesa también en mi corazón.

*

una vez más
me rehúso a calcular la distancia,
a quedarme en el borde,
a no correr el riesgo.
me niego rotundamente
a evitar el incendio,
a morderme la lengua,
a callar los verbos.

¿qué cosa tan grave
podría pasar?

ya sé morir en el intento.

voy a saltar,
una vez más yo voy a saltar.
 

Destino


Matamos lo que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos.
Matamos lo que amamos. ¡Que cese ya esta asfixia
de respirar con un pulmón ajeno!
El aire no es bastante
para los dos. Y no basta la tierra
para los cuerpos juntos
y la ración de la esperanza es poca
y el dolor no se puede compartir.
El hombre es animal de soledades,
ciervo con una flecha en el ijar
que huye y se desangra.
Ah, pero el odio, su fijeza insomne
de pupilas de vidrio; su actitud
que es a la vez reposo y amenaza.
El ciervo va a beber y en el agua aparece
el reflejo de un tigre.
El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuele
-antes que lo devoren- (cómplice, fascinado)
igual a su enemigo.
Damos la vida sólo a lo que odiamos.
No existe vida 
que, aun por un instante,
no sea inmortal. 
La muerte 
siempre llega con ese instante de retraso. 
En vano golpea con la aldaba
en la puerta invisible.
Lo ya vivido
no se lo puede llevar.
Hieres y volverás a herir, porque hieres y te apartas. No acompañas a la herida.
Ella está de pie sobre mis párpados,
con sus cabellos en los míos,
tiene la forma de mis manos
y tiene el color de mis ojos.
Se ha sumergido en mi sombra,
como una piedra en el cielo.

Ella tiene los ojos siempre abiertos,
y no me deja dormir;
a plena luz sus sueños
evaporan los soles,
me hace reír, llorar y reír,
Hablar sin tener nada que decir.
No he conocido a nadie que fuera capaz de alegrarse como ella de las cosas sencillas de la vida: personas y animales, estrellas y libros, todo le interesaba, y su interés no se basaba en la altivez, en la pretensión de convertirse en experta, sino que se aproximaba a todo lo que la vida le daba con la alegría incondicional de una criatura que ha nacido al mundo para disfrutarlo todo.
La seducción de los sentidos es tan penetrante, los caprichos de la imaginación son tan violentos, que el espíritu se forja un sueño lleno de deleites, transportes y éxtasis o, por lo menos, una novela de sensualidad viva y variada; luego, en la ocasión propia, el torrente contenido se desborda, rompiendo los diques de la ley y el deber.
Ven. Ven. Así. Te beso. Te arranco. Te arrebato. Te compruebo en lo oscuro, ardiente oscuridad, abierta, negra, oculta derramada golondrina, oh tan azul, de negra, palpitante. Oh así, así, ansiados, blandos labios undosos, piel de rosa o corales delicados, tan finos. Así, así, absorbidos, más y más, succionados. Así, por todo el tiempo. Muy de allá, de lo hondo, dulces ungüentos desprendidos, amados, bebidos con frenesí, amor hasta desesperados.


Mi único, mi solo, solitario alimento, mi húmedo, lloviznado en mi boca, resbalado en mi ser. Amor. Mi amor. Ay, ay. Me dueles. Me lastimas. Ráspame, límame, jadéame tú a mí, comienza y recomienza, con dientes y garganta, muriendo, agonizando, nuevamente volviendo, falleciendo otra vez, así por siempre, para siempre, en lo oscuro, quemante oscuridad, uncida noche, amor, sin morir y muriendo, amor, amor, amor, eternamente.
Entonces escribir es el modo de quien tiene la palabra como cebo: la palabra pescando lo que no es palabra. Cuando esa palabra -la entrelinea- muerde el cebo, algo ha sido escrito. Una vez que se pesca la entrelinea, sería posible expulsar con alivio la palabra. Pero ahí se detiene la analogía: la no-palabra al morder el cebo, lo ha incorporado. Lo que salva, entonces, es escribir distraídamente.


Soy el más asoleado sabueso de Dios,
he encontrado el sol y lo guardo en la sangre,
lo hago dormir en las venas,
me esfuerzo por seguirlo como un girasol,
ahuyento la noche levantando la cabeza para no perderlo
y bebo rápido tragos de luz.
Los dos somos uno. No existimos por separado el sol y yo,
y como pareja intercambiamos nuestros luminosos dones...
El sol me ofrece y yo ardo en cuentos, una y otra vez.
La palabra justa que explica
una vida que desborda el universo;
el ensayo de su efecto en la mente
que era pero ya no será ciega.
Así me gustaría estar todo el año...
El sonido silencioso que hace el sol
cuando cuece mi alma vibrante
y todas las cuerdas de mi arpa se llenan de fuego
que quema mis deseos rancios
y allí estoy, al mediodía y a la luz:
el más querido y asoleado sabueso de Dios

Insinuarse

Quizás, la mejor victoria sea
sobre el tiempo y la atracción…
pasar sin dejar huellas,
pasar sin dejar sombra

en las paredes…

Quizás renunciando
vencer? ¿Quién del espejo se borra?
Así: como Lermontov en el Cáucaso
colarse sin inquietud en las rocas.

Es quizás la mejor diversión
con los dedos de Sebastián Bach
del órgano provocar el son?
Despedazarse sin dejar

cenizas para la urna…

Quizás por engaño
vencer? ¿De toda latitud darse de alta?
Así en el tiempo tal océano
colarse sin inquietar las aguas…

El rastro

Mis amistades con uno o dos, sí, tres
hombres por quienes alguna vez sentí
el más salvaje, más doloroso deseo,
aún retienen, en su transformación duradera,
alguna fragancia de aquellos tiempos,
como una caja donde alguna vez
se guardaron las hojas de una hierba exótica,
una hierba de propiedades variadas, útiles y peligrosas,
hace tiempo consumida.